La salsa está baja de nota
@coleopterocol
Renzo tiene el mejor trabajo del mundo. Entre toneladas innumerables de acetatos y miles de metros de cinta de casete, se dedica a programar música, en su mayoría salsa, para su programa radial. Aquel género que se consolidó en Nueva York a final de los 60’s después de cimentar sus raíces con expresiones musicales de cada parte de Suramérica, es su favorito.
La mayoría de las personas de su época, fueron hipnotizadas por los trabajos de cantantes como Héctor Lavoe, Cheo Feliciano y Jonny Pacheco, quienes fueron abanderados de la nueva corriente artística que surgía en el momento, y que tanto llamaba la atención por su variedad de temáticas, en especial por una: la protesta social.
Esas grandes voces tuvieron la oportunidad de ser acompañadas en escena por bongoseros de la talla de Roberto Roena, Percusionistas como Ray Barreto, la descarga enérgica del piano de Richy Ray y las composiciones del maestro Tite Curet, bajo el nombre de “Fania all-stars”.
Fania Records, llegó a ser el sello discográfico más grande del género, comprando a otros más pequeños y creando un monopolio expresado en acciones como las de juntar los mejores músicos de las orquestas del momento y grabar álbumes enteros, para posteriormente, llevar a cabo giras mundiales, que incluso tuvieron una fecha en la ciudad de Barranquilla el 6 de agosto de 1980.
Pero no fue así por mucho tiempo, después de vender millones de discos y hacer giras de conciertos a lleno total al rededor del mundo por varios años seguidos, la Fania, decidió incursionar en la salsa romántica y dejar de lado los matices que la habían caracterizado hasta el momento. Al final se desintegró y los salseros de siempre quedaron huérfanos.
El público barranquillero e internacional que había crecido con letras enfocadas en la rebelión ante sistemas políticos enteros, le tocó ver, o más bien escuchar, como su música preferida quedaba reducida a “porno salsa”: letras algo pasadas de tono, sobre los mismos compases de las 20 canciones que la precedían. Es posible que el caer en la sencillez y la monotonía, le hayan puesto fin al género.

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